Valor
Contra la mediocridad conformista
Naciones Unidas instituyó el día Día Mundial de la Creatividad y la Innovación con el principal objetivo de «poner de manifiesto todo el potencial creativo de las personas», así como «destacar la importancia de la creatividad y la innovación como pilares esenciales en la resolución de problemas socioeconómicos y el avance hacia el desarrollo sostenible». Dicho esto, felicidades a todos 👋
En los últimos años, es probable que se haya manoseado demasiado la interpretación del concepto de creatividad, asimilándole un significado de «ingrediente mágico» que añadido a cualquier acto trivial y mundano lo convierte en excepcional. Vivimos expuestos a una infinidad de consejos inestimables que van desde los «5 secretos para transformar tu ensalada en una obra de arte culinaria» hasta las «3 técnicas ultra-innovadoras para coser un dobladillo en tiempo récord».
Bromas aparte, para entender cómo lo común puede convertirse en algo extraordinario, los profesores Kaufman y Beghetto identificaron cuatro niveles de desarrollo de la creatividad que permiten comprender los procesos creativos según su nivel de profundidad y especificidad. Este modelo conceptual se conoce como las «Cuatro C de la creatividad»:
Little C: es la creatividad cotidiana, la que utilizamos para resolver problemas en nuestra vida diaria.
Mini C: es la creatividad personal e interpretativa. Es de tipo mental y no necesariamente tiene que materializarse. Esta creatividad surge de la interpretación que le damos a los eventos y experiencias de nuestra vida.
Pro C: es la creatividad experta, presupone un amplio nivel de conocimientos y experiencias. Este tipo de creatividad incluye avances significativos dentro de un ámbito determinado.
Big C: es la creatividad eminencial y es la que procura cambios trascendentales en una disciplina concreta o en la sociedad en general.
Es difícil escoger una sola definición de creatividad, pero de todas las que he leído me quedo con la de José Antonio Marina por su simplicidad: «crear es hacer que algo valioso que no existía, exista». El concepto de valor es consustancial al de creatividad porque le da sentido y propósito de ser. Una creatividad con valor es un motor que impulsa la búsqueda de nuevas ideas y de soluciones innovadoras.
Sin embargo, hay que reconocer que en cualquier profesión creativa siempre hay obstáculos que amenazan con diluir los buenos propósitos. La presión del conformismo y la búsqueda desenfrenada por conseguir resultados inmediatos pueden minar cualquier impulso creativo. Es ese equilibrio precario entre mantenernos fieles a nuestra visión o ceder ante las exigencias del mercado.
Este dilema se manifiesta claramente en el contexto descrito en «The vanishing designer», un artículo que se hizo viral hace unos años. En él, la autora da un toque de atención a una industria que se muestra reacia hacia la creatividad idiosincrásica, la asunción de riesgos o la exploración de nuevas posibilidades: «los diseñadores visionarios han perdido su integridad conceptual ante un complejo industrial optimizado para el consenso, la previsibilidad y las ganancias comerciales a corto plazo. El surgimiento de una cultura impulsada por datos ha cultivado a una generación de diseñadores que solo dan pasos seguros y garantizados hacia la inevitable monotonía del diseño».
❧ El consenso
Nada arruina más la creatividad que demasiadas voces opinando. Lo llamamos The ice cream principe. Dile a 10 personas que vayan a tomar un helado con una condición: todos tienen que ponerse de acuerdo en un sabor. Ese sabor será siempre chocolate o vainilla. Los grupos de personas no se ponen de acuerdo en lo que es guay o interesante, sino en lo que es fácil de acordar.
A Hundred Monkeys, agencia especializada en creación de nombres de marca
Alcanzar el consenso grupal pretendiendo dar pasos libres de riesgos implica, la mayoría de las veces, caer en la repetición y en la ausencia de innovación. Algo similar sucede cuando utilizamos técnicas de ideación en grupo, como el célebre brainstorming. Si bien este tipo de técnicas han demostrado ser eficaces para maximizar la eficiencia y obtener un número generoso de ideas en el menor tiempo posible, también se corre el riesgo al utilizarlas de opacar y descartar ideas que son realmente valiosas simplemente porque se han comunicado cuando aún están «a medio cocinar».
El lenguaje, que es la única herramienta de que disponemos para comunicar y expresar nuestros pensamientos, tiene poco ancho de banda y sólo nos permite contar muy poco a la vez. Cuando una nueva idea surge en nuestra mente, es poco más que una anécdota que aún no ha sido completamente desarrollada ni integrada en la lógica, por ese motivo se nos hace tan difícil poder expresarla en toda su complejidad y amplitud.
Si a todo esto le sumamos la falta de tiempo para poder profundizar, sólo estaremos a un paso de caer en reiteraciones, tópicos e ideas estereotipadas que nos conducirán hacia la indiferencia o la mediocridad.
© Wowtiful
❧ La excepcionalidad individual
Era el año 2081, y todos eran por fin iguales. No sólo eran iguales ante Dios y la ley. Eran iguales en todo sentido posible. Nadie era más listo que nadie. Nadie era más guapo que nadie. Nadie era más fuerte o más rápido que cualquier otra persona. Toda esta igualdad se debió a las enmiendas 211ª, 212ª y 213ª, a la Constitución y a la incesante vigilancia de los agentes del Discapacitador General de los Estados Unidos.
Fragmento del cuento «Harrison Bergeron» de Kurt Vonnegut
En este cuento, Kurt Vonnegut retrató una sociedad en la que el talento, la competencia y la excepcionalidad habían sido erradicadas. En su lugar se había impuesto una «mediocridad radical» para crear una sociedad perfectamente igualitaria. Para ello, los «agentes discapacitadores» tenían la tarea de identificar las fortalezas de cada ciudadano y eliminarlas. A aquellos dotados de una gran inteligencia se les obligaba a llevar radios que emitían ruidos ensordecedores cada vez que tenían un pensamiento inteligente. A los que poseían una gran belleza se les exigía usar máscaras grotescas, mientras que a los fuertes se les imponía cargar con pesas y bolsas de perdigones para dificultar su movilidad.
En el extremo opuesto de la distopía creada por Vonnegut, nos encontramos con la visión de la escritora y filósofa Ayn Rand en su novela «El manantial», donde narra la lucha del joven arquitecto Howard Roark por defender la integridad de su obra contra toda forma de oposición social y mediocridad conformista. El personaje de Roark personificaba para la autora el arquetipo del individuo que defiende su visión con determinación, encarnando el ideal de lo que una persona «podría y debería ser».
Para Ayn Rand, la búsqueda de la autenticidad y la originalidad constituía un imperativo moral. Creía firmemente que la integridad de las ideas individuales debía prevalecer sobre las necesidades de los demás y que el talento no debía diluirse en aras de la igualdad o el interés colectivo.
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Entre estas dos visiones surge de nuevo el dilema entre mantenernos fieles a nuestros principios o ceder en beneficio de otros. Posiblemente la solución pasa por volver a encontrar de nuevo ese equilibrio, por frágil que sea. Aunque la creatividad habite en la individualidad y en la singularidad, pienso que no hay invento o creación que no lleve inscrito en su ADN favorecer a otros.
No puede haber belleza ni pensamiento en la indiferencia. La relación con lo que nos rodea es un asunto prioritario, porque es esa relación la que orienta nuestra percepción interior. El mapa es imprescindible pero no sustituye al territorio.
Alberto Corazón, artista y maestro de diseñadores
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Webgrafía:
WIKIPEDIA. Día Mundial de la Creatividad y la Innovación. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_Mundial_de_la_Creatividad_y_la_Innovaci%C3%B3n
WALDEN UNIVERSITY. The Four C Model of Creativity. Recuperado de: https://www.waldenu.edu/online-masters-programs/ms-in-education/resource/the-four-c-model-of-creativity
SUN CHUÁNQÍ. The vanishing designer. Recuperado de: https://www.doc.cc/articles/the-vanishing-designer
BRITANNICA. The Fountainhead. Recuperado de: https://www.britannica.com/topic/The-Fountainhead-novel-by-Rand